MADRE

Sobremesa infinita con tintes mexicanos en un espacio que se transforma para ser ecléctico y acogedor tanto de noche como de día.

Ubicado en la planta baja de una casa típica del barrio del Cabanyal, aparece MADRE, un espacio de disfrute de la vida y de las sinergias con el propio barrio. Un ejemplo de resiliencia colectiva y urbana, incluso política en los últimos años. 

MADRE asume su rol dentro del proceso de rehabilitación del barrio, complementándolo a través de una atmósfera familiar, cercana, amable y divertida.  

El programa es sencillo: una coctelería interior, una cocina profesional y una terraza que ocupa la mayor parte de la superficie de actuación, favoreciendo la vida en el exterior, que es potenciada a su vez, por la cultura de calle del barrio en el que se ubica, y el clima de levante.  

Una serie de artefactos fijos (barras, mesas y bancos de diferentes geometrías) configuran el espacio y presentan diferentes alternativas de sentarse en la mesa, favoreciendo la interacción y oportunidades de encuentro entre sus usuarios. 

En cuanto a la materialidad, se plantea una propuesta de contrastes, texturas e intensidad cromática como traslación de la intensidad de los sabores, olores y colores de su cocina latina. 

El diálogo con el paisaje natural, que surge de la tierra, se consigue mediante el uso de piedras, terrazos y cerámicas, mientras que el mundo artificial, que se desarrolla suspendido en el área superior, se traduce en el uso de chapas, mallas y perfiles de acero galvanizado.  

La vegetación aparece como conexión entre el interior y el exterior, completando esta ecléctica paleta. 

 

MADRE

Sobremesa infinita con tintes mexicanos en un espacio que se transforma para ser ecléctico y acogedor tanto de noche como de día.

Ubicado en la planta baja de una casa típica del barrio del Cabanyal, aparece MADRE, un espacio de disfrute de la vida y de las sinergias con el propio barrio. Un ejemplo de resiliencia colectiva y urbana, incluso política en los últimos años. 

MADRE asume su rol dentro del proceso de rehabilitación del barrio, complementándolo a través de una atmósfera familiar, cercana, amable y divertida.  

El programa es sencillo: una coctelería interior, una cocina profesional y una terraza que ocupa la mayor parte de la superficie de actuación, favoreciendo la vida en el exterior, que es potenciada a su vez, por la cultura de calle del barrio en el que se ubica, y el clima de levante.  

Una serie de artefactos fijos (barras, mesas y bancos de diferentes geometrías) configuran el espacio y presentan diferentes alternativas de sentarse en la mesa, favoreciendo la interacción y oportunidades de encuentro entre sus usuarios. 

En cuanto a la materialidad, se plantea una propuesta de contrastes, texturas e intensidad cromática como traslación de la intensidad de los sabores, olores y colores de su cocina latina. 

El diálogo con el paisaje natural, que surge de la tierra, se consigue mediante el uso de piedras, terrazos y cerámicas, mientras que el mundo artificial, que se desarrolla suspendido en el área superior, se traduce en el uso de chapas, mallas y perfiles de acero galvanizado.  

La vegetación aparece como conexión entre el interior y el exterior, completando esta ecléctica paleta.